Cada vez más personas se interesan por lo que las religiones que provienen de Asia tienen que decir.

El budismo, por ejemplo, no afirma tener las respuestas a todo, ni siquiera presume tener una única respuesta. Sin embargo, hay una razón por la que nos atrae sobre otras filosofías de vida, y es por cómo logra balancear lo interno con lo externo, incluso en tiempos tan difíciles como los que se viven actualmente.

Las siguientes lecciones son parte del aprendizaje de Robert Piper, quien tras entender que su vida estaba llena de ansiedad –la epidemia del siglo XXI– decidió pedir ayuda a un monje tibetano.

Inténtalo más de una vez

Según Piper, la lección más importante fue siempre intentar hacer las cosas por lo menos tres veces antes de darse por vencido. Incluso tres es poco. Fallar a la primera y alejarse no es intentarlo.

Uno siempre tiene que acercarse sin experiencia, fallar, aprender, volver a intentar y repetir. Solo de esa manera vendrá el verdadero aprendizaje.

Las respuestas están dentro de uno

Todos tenemos la idea de que los monjes budistas, y las personas de fe en general, están llenas de un conocimiento ancestral y casi místico. Sin embargo, Piper cuenta que el monje le enseñó mucho al no responderle. En su lugar, lo hizo entender que un maestro abre la puerta, pero es el alumno el que debe entrar.

Esto quiere decir que un maestro puede dar parte de una lección, pero está en el alumno buscar la respuesta, interrogar, deducir, analizar y más. Las respuestas no se nos tienen que dar, las debemos encontrar nosotros.

El ego es nuestro enemigo

Según Piper, una de las cosas más importantes que podemos aprender de sus lecciones con el monje, es la paciencia. Esta herramienta nos permite desapegarnos de nuestro ego, aceptar las cosas que no podemos cambiar y hasta ser resilientes ante la adversidad.

Piper tuvo que aprender a meditar, pero después de eso, continuó con su vida normal, por lo que al llegar a un aeropuerto y ver que su vuelo se retrasaba por horas, en lugar de enojarse y sentirse frustrado e incapaz de hacer algo, decidía meditar.

Al hacer esto, podía sentirse cómodo incluso en las situaciones que el resto de la gente odia, y esto no se logra sólo con una actitud positiva, se necesita mucho entrenamiento y disciplina, pero es algo que sirve para toda la vida.

La paciencia es una gran virtud

Aunado a lo anterior, Piper tuvo muchas lecciones que le enseñaron que la paciencia es una herramienta poderosa en un mundo obsesionado con moverse rápido.

Cuando el monje lo citaba en algún lado, Piper solía esperar más de una hora después del momento acordado. La impuntualidad del monje le enseñó a tranquilizarse y ser paciente, a dejar que el tiempo pase y aprovecharlo para su beneficio.

Las lecciones de humildad y autoconocimiento son esenciales para entender el mundo moderno y nuestra relación con él. Disfrutemos de la vida haciendo que nuestras acciones sean correspondientes con las lecciones que aprendemos día a día.

Fuente:

Tiny Buddha