Todo nuestro cuerpo es un gran mapa que puede recorrerse en búsqueda de un solo tesoro: el placer. En este terreno, la piel resulta el órgano sexual más grande, tanto en hombres como en mujeres. Pero la anatomía femenina posee además, el órgano más sensible y el único dedicado sólo al goce: el clítoris.

Tal como lees, la única funcionalidad que posee el clítoris es generar placer al cuerpo. Este órgano pequeñito, cuenta con 8000 terminaciones nerviosas y también tiene erecciones. Esto es tan maravilloso y sorprendente que a esta zona erógena la rodean diversos mitos que necesitan ser derribados.

El clítoris no sólo nos puede ayudar a experimentar mayor placer durante el sexo, sino que puede ayudar a que las mujeres del mundo dejen atrás la cultura de la represión y liberen su libido, así como a tener una visión más allá del sexo androcéntrico que hace de la mujer un objeto pasivo.

A continuación revelaremos tres mitos que pesan sobre la sexualidad femenina, y que sin duda las mujeres deben discutir y cuestionar para poder recuperar el control de su cuerpo y su placer, tanto en el imaginario colectivo como en las relaciones afectivas a nivel individual.

Tres mitos sobre sexualidad femenina

Mito 1: Existen muchos tipos de orgasmo

Lamentamos decirte que el orgasmo vaginal no es lo que Freud pensó en su época.

Como casi todos los ámbitos de la vida, la ciencia ha sido una disciplina de hombres durante siglos. Esto la ha sesgado, imposibilitando que la mujer sea objeto de estudio, de investigación y sobre todo, sujeto de conocimiento. Así, la mitad del mundo quedó fuera de perspectiva.

Tal como sabemos, este paradigma está cambiando, y nuevos hallazgos están desmontando mitos que se sustentaban en visiones científicas androcéntricas.

Una de las preguntas que más ha intrigado a los investigadores es si realmente el clítoris es sólo un pequeño órgano en la vulva, o si se extiende hacia adentro de la vagina. Esta duda pone al descubierto la polémica sobre la dualidad orgásmica en las mujeres, cuya hipótesis se centra en que las mujeres pueden experimentar orgasmos ya sea por vía vaginal o por vía del clítoris.

Esta teoría fue realizada por Sigmund Freud, el padre de la psicología, quien, aunque puede ayudar a pensar las diferencias entre géneros desde la génesis de la psique, es cierto que nunca pudo escapar a los prejuicios de matriz machista. Su dicotomía orgásmica nunca fue más que una hipótesis, que quizá surgía de la resistencia a pensar que las mujeres no necesitan del hombre para sentir placer.

En contrapunto, investigadoras como la australiana Helen O’Conell demostró que, efectivamente, existen estos dos tipos de orgasmo. Sin embargo O’Conell asegura que esto se debe a que el clítoris tiene una estructura interna. Contrario a lo que creía Freud, el orgasmo clitoriano no desaparece “tras la adolesencia”.

Entonces, tal como dijo Anee Koedt en su ensayo "The myths of the vaginal orgasm":

“Sólo hay un área para el clímax sexual, aunque existan muchas áreas proclives a la excitación; esa área es el clítoris. Todos los orgasmos son extensiones de sensaciones provenientes de esta área”.

Mito 2: El famoso punto G

Esta zona, popularizada en 1982 por el libro "The G spot and other discoveries about human sexuality", pretendió revolucionar los hallazgos sobre sexualidad. Pero, ¿de qué sexualidad estamos hablando? Sólo la sexualidad de las mujeres había permanecido en el más profundo misterio, ya que nadie la había estudiado (no era importante para nadie, por lo que parece).

El “punto G” hace referencia a quien primero formuló la hipótesis de una zona erógena en la vagina: Ernst Gräfenberg. Él planteó que la uretra de la mujer juega un papel importante en el orgasmo.

No obstante, las indagaciones de O’Conell y otras investigadoras demuestran que este órgano no existe, aunque la teoría original de Gräfenberg no estaba tan errada. El placer que puede generarse al estimular la vagina es gracias al clítoris y sus ramificaciones, pero parece que la esponja uretral y otros músculos, nervios y vasos sanguíneos presentes en la vagina también juegan un papel súper importante. Por eso, y según un estudio de 2014 publicado en Nature Reviews, en lugar de “punto G” debemos hablar de un área más compleja, que los investigadores llamaron provisionalmente “complejo clitouretrovaginal”.

De esta manera, el punto G fue un mito que mistificó la sexualidad femenina para mal, dejando en evidencia los planteamientos que la ciencia androcéntrica ha publicado para hacer que el placer de las mujeres dependa de los hombres.

Mito 3: El orgasmo femenino no tiene sentido

Ok... partiendo de esta base: ¿el de los hombres sí lo tiene?

Algunas investigaciones, como la de Elisabeth Lloyd en su libro "The Case of the Female Orgasm: Bias in the Science of Evolution", aseguran que el orgasmo femenino es producto de la evolución, y que no tiene razón de ser. No obstante, esta visión omite la gran importancia del orgasmo para la salud, y que esta sensación no necesariamente tiene que servir sólo a la reproducción humana. Además, de nuevo ubica a la mujer como objeto pasivo de las relaciones entre géneros.

O’Conell menciona en "Anatomy of the Clitoris" que, esta idea:

“Se reduce a la rivalidad entre los sexos: la idea de que un sexo es sexual y el otro reproductivo. La verdad es que ambos son sexuales y ambos reproductivos”.

Si bien todavía hoy, hace falta mucha investigación sobre el orgasmo y su papel en la evolución –más que nada social–, el argumento de que el orgasmo femenino es nada más que un “producto” no parece un buen punto de partida, mucho menos un argumento sólido. ¿No es el placer una razón suficiente para hacer del clítoris algo más que un agregado de la anatomía sexual femenina?

Fuente:

Ecoosfera