El origen del COVID-19 está relacionado con el comercio ilegal de animales salvajes en China, donde aparecieron los primeros casos de esta enfermedad, pero también con la destrucción de los ecosistemas naturales.

Los coronavirus son una amplia familia de virus que usualmente solo afectan a los animales, pero en el caso del COVID-19 se trata de una zoonosis: la transmisión de un virus que pasa de un animal (en este caso, un murciélago) a un ser humano.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta en un informe que "el 60% de las enfermedades humanas infecciosas conocidas son de origen animal (animales domésticos o salvajes), al igual que un 75% de enfermedades humanas emergentes".


Para que el nuevo coronavirus se propague, la destrucción ambiental fue clave. La deforestación del sudeste asiático desde hace más de 30 años, la urbanización y la segmentación de los bosques han generado un profundo desequilibrio dentro de ese ecosistema.

La fauna, frente a la destrucción de su hábitat natural, se ve obligada a migrar y a encontrar refugio en las construcciones humanas o junto a otras especies. Al destruir los bosques y las selvas para poner en su lugar asentamientos humanos, la barrera con la fauna silvestre desaparece.

Las enfermedades zoonóticas como el coronavirus adquieren nuevas cepas y tienden a avanzar con mayor facilidad al entrar en contacto con las poblaciones humanas.

Pero esto no solo ocurre en China. El MERS, el SARS y el ébola también son consecuencia del daño causado en el planeta y la pérdida de biodiversidad. Otro ejemplo de que la crisis climática trae aparejado el incremento de enfermedades es el caso del dengue en Argentina, que actualmente afecta a la mitad de la población mundial.

"Los cambios en las condiciones climáticas que han ocurrido desde 1950 facilitan la transmisión del virus del dengue a través de los mosquitos Aedes, así como el incremento del riesgo de contraer la enfermedad”, señaló Antonio Guterres, el Secretario General de la ONU.

Para tomar consciencia de esta crisis planetaria, la OMS plantea el concepto de “una salud”, que propone que el bienestar de las personas depende directamente de la salud de los animales y de la salud ambiental.

Recordemos que la destrucción ambiental acelerada a causa de las acciones humanas sucede en todo el planeta y la necesidad de un cambio es urgente. Los incendios en la Amazonía del pasado 2019 son un ejemplo de ello, así como lo es la pérdida de bosques en Indonesia debido a la plantación de aceite de palma, utilizado para fabricar cosméticos, alimentos procesados y biodiesel.

La solución para evitar futuras pandemias, sin duda está relacionada con el cuidado del planeta Tierra y de todos los seres que lo habitan.

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