Suceden en nuestra vida cosas inexplicables, situaciones asombrosas y conocemos personas únicas y muy especiales, todo esto hace que nuestro existir valga la pena, tenga una razón de ser y nos dé lecciones diarias de vida, cosas que nos fortalecen y nos enseñan a ser sensibles, generosos y a no ignorar el dolor de los demás.

Es lo que probablemente siempre recordara Chad, el piloto de un avión que diariamente se encarga de llevar y traer personas con diversos destinos y quien tiene la responsabilidad de que todo salga bien, un trabajo digno de reconocer, pero hoy no es nuestro centro de atención, nuestra historia va mucho más allá.

Chad compartió por Facebook una conmovedora historia que seguramente tocará tu corazón. Nos cuenta que haciendo un día su trabajo y en vísperas para la Navidad, haciendo todos los preparativos para el vuelo correspondiente, pudo escuchar un suave murmullo que llamo su atención, era la voz de un niño quien miraba fijamente el tablero de controles y quien disimulaba para que Chad no se diera cuenta de su curiosidad.

Con un tono claro y  enérgico Chad le pido al pequeño que pasara y le sugirió sentarse en la silla que aún no estaba ocupada, la alegría y emoción se reflejaron en el rostro del pequeño y acepto gustosamente la invitación, se sentó y podía evidenciar la felicidad que esta acción le ofrecía, era indudablemente un sueño hecho realidad para este infante.

Al preguntarle el nombre al chico, contestó tímidamente que se llamaba Sam, y con cariño el piloto le mostraba todo lo que existía en la cabina del avión, y con toda su atención el pequeño miraba, no podía creer que estuviese sentado en el puesto del capitán del avión y que estuviera recibiendo unas buenas clases de todo lo que componía el tablero de esa aeronave, un momento especial.

Ya se acercaba el momento en que despegará el avión y se hizo presente el capitán, quien lejos de correr al pequeño, le pidió el asiento y que podía continuar formando parte de la tripulación, lo incorporó a la labor de arranque y juntos hicieron un excelente equipo, un lindo gesto de estos dos hombres con Sam, quien estuvo atento en todo  momento.

Ya en el viaje el niño regresó con su familia y los hombres continuaron en su trabajo, llegaron a su destino y cada quien tomo su rumbo.

Al dio siguiente de la Navidad, entraron como de costumbre a la cabina del avión para organizar su próximo vuelo, cuando una azafata interrumpió, el piloto le pregunto que sucedía y ella le entrego una caja de galletas que había dejado la madre del pequeño, como agradecimiento al haber permitido que Sam hubiera vivido tan maravillosa experiencia.

Empezaron a comer las galletas y dentro había un sobre. Al  leer el contenido su tristeza y emoción no pudieron contener estos dos hombres. Allí les daban las gracias y les comentaron que el pequeño sufría de cáncer y estaba en tratamiento, que no había parado de hablar de ellos y que los momentos tan difíciles que él estaba atravesando, gracias a ellos, por unos momentos quedó en segundo plano. Este chico fue feliz y nunca olvidara el mejor regalo de navidad que pudo recibir, estar al frente de un avión.

Esta fue la carta que el capitán leyó en voz alta posteriormente:

Apreciados pilotos:

Gracias por permitir que mi hijo Sam pudiera conocer su trabajo, desafortunadamente él padece cáncer y recibe su quimioterapia en Memphis, esta es la primera vez que ha estado en casa desde que inicio su tratamiento. Siempre lo hemos llevado al hospital en automóvil, pero como Sam ama los aviones decidimos volver a casa en uno, no existe gran probabilidad de que volvamos a tomar otro avión próximamente.

El médico nos ha comentado que Sam solamente tiene algunos meses de vida, siempre ha soñado con ser piloto. El viaje que hicimos en avión de Memphis a Atlanta fue lo mejor que le ha pasado. No tenia idea que volar un avión era tan fantástico, sólo tenía la experiencia de sus juguetes pero ustedes le dieron el mejor regalo de Navidad, durante un par de minutos el sueño de mi hijo se hizo realidad y todo fue gracias a ustedes. Siempre estaré infinitamente agradecida y seguramente Sam, los recordará más allá de todo. ¡Gracias y feliz Navidad!

La satisfacción que se siente cuando se hacen las cosas bien, cuando vale la pena el esfuerzo y cuando se entrega el corazón en lo que se hace, es sin duda la mayor recompensa a cualquier labor, el corazón del capitán y de Chad se estremecieron y sintieron gran confusión, no tenían idea de lo que el pequeño estaba viviendo, pero estaban felices de haberle dado felicidad.

 

 

Que linda historia ¿verdad?